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La ética de la escritura sobre arte

Pablo Larios

Publicado el 27 abril 2021
Ilustración de Danila Ilabaca

Mi nombre es Pablo Larios y soy escritor y crítico de arte. Nací en San Pedro Sula, Honduras, y crecí en los Estados Unidos. Mis días como crítico de arte comenzaron tras mudarme a Berlín y entrar en contacto con artistas. Siempre me ha interesado el arte, pero después de conocer a más y más artistas contemporáneos empecé a respetar el trabajo y el esfuerzo intelectual que invierten al hacer arte.

Después de ver la exposición Documenta en 2012 en Kassel, me convencí de que escribir sobre arte era una actividad significativa en sí misma. En resumen, llegué a sentir que el arte «valía la pena» como una actividad que merecía una reflexión seria, una consideración y una interpretación a través de la escritura.

Poco después, empecé a trabajar en la revista de arte Frieze. Allí aprendí lo que había que hacer y lo que no había que hacer al escribir sobre arte. En la revista era importante que nos propusiéramos escribir sobre arte de una manera que no fuera ni especializada ni académica, sino abierta, interesante y que se tomara el lenguaje en serio. Por supuesto, el arte sigue siendo difícil y escribir sobre arte no siempre es accesible. Pero la accesibilidad es un objetivo.

Hay algo ético en el hecho de escribir.

En retrospectiva, creo que estos años en la revista inculcaron una cierta relación ética con arte. Hay algo ético en el hecho de escribir. No en el sentido de que establezca normas de comportamiento, sino de que es en sí mismo un acto que requiere una consideración ética tanto de lo que se escribe como de a quién se dirige. Como escritor sobre arte, tienes una cierta ventaja o privilegio porque el objeto sobre el que escribes no puede responder y porque el público al que te diriges a menudo no puede ver lo que tú ves.

Este privilegio requiere un gran sentido de la responsabilidad. Es un acto de respeto tomar en serio al mundo que nos rodea y tomar la actividad humana lo suficientemente en serio como para escribir sobre ella. Cuando se escribe sobre arte, hay muchos aspectos minuciosos. Por ejemplo, la descripción: es esencial describir lo que se ve, y describir los sentimientos o ideas que provoca una obra. Esto es difícil y requiere un tipo de paciencia que proviene del respeto a lo que se da a tu alrededor. Por supuesto, cuando intentas describir una obra de arte, a menudo no sólo estás describiendo lo que tienes delante, sino también el relato de tus sentimientos e impresiones.

Otro tipo de respeto tiene que ver con el respeto que hay que tener en relación con el lector: por lo general, cuando se escribe sobre arte se hace para un público que no ve ni puede ver lo que uno ha visto.

Este privilegio requiere un gran sentido de la responsabilidad.

También ocurre que el arte contemporáneo es algo difícil y no siempre muy accesible. Por otro lado, el arte visual puede ser un lenguaje casi universal que se puede experimentar sin necesidad de conocimientos especializados. Para mí, este conjunto de factores produjo un importante imperativo. Descifrar el arte visual tenía un propósito claro, precisamente porque veía la necesidad de escribir de forma accesible sobre algo que mucha gente considera difícil, elitista e incluso alienante.

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