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La misión estrictamente seria de la crítica humorística

Pablo Helguera

Publicado el 3 enero 2021
Ilustración de Danila Ilabaca

  • ¿Puede el humor desatar una crítica seria?
  • ¿Puede el humor trascender el descrédito que suele recibir por no ser sutil y solemne, por su tendencia a simplificar y valerse de estereotipos?

La caricatura siempre ha sido vista como un género menor en el arte. Con algunas excepciones como en el Goya de los Caprichos, la obra de Daumier y Hogarth, lo que se considera “gran arte” no puede caer en la representación satírica de estereotipos.

Pero creo que el conflicto que tiene el mundo del arte con el humor es un poco más complejo. Es probable que esto provenga de las paradojas que Duchamp insertó en el arte a principios del siglo veinte. Para la vanguardia de esos momentos, era urgente que el arte rompiera con ciertos esquemas y paradigmas predominantes relacionados a la manufactura y originalidad del arte. El gesto de insertar un mingitorio en una galería rompe con estos esquemas, pero a la vez cuestiona la solemnidad predominante del discurso del arte. Aún así, el humor que predomina en el mundo del arte es el sarcasmo o la ironía. El humor puro invierte los roles y las jerarquías de las cuales el mundo del arte depende de forma extrema.

El humor que predomina en el mundo del arte es el sarcasmo o la ironía.

Por otra parte, el humor en el arte contemporáneo opera en un proceso de dos pasos común en muchas obras que denominaría “encuentro y reflexión.” Este consiste en inspirar un tipo de lectura diferente a las lecturas convencionales de una imagen o una situación. Ver un dibujo de Saul Steinberg, o una travesura de Maurizio Cattelan, suele desatar una carcajada, u otro tipo de reacción visceral. Pero estas obras tienen un valor que va más allá del primer impacto instintivo que causan.

William Kentridge explicó esto de forma magistral en una conferencia hace muchos años. Hablaba de los teatros de sombras de manos para niños. Aquí estoy quizás parafraseando su mensaje, pero argumentó que cuando vemos una mano producir una figura que en la sombra proyectada genera un perro, y nos reímos, según el, nos estamos riendo por tres razones a la vez. Primero, nos reímos porque estamos viendo una figura divertida o cómica. Segundo, nos reímos porque nos deleita presenciar el proceso a través del cual la figura ha sido hecha — es decir, que una contorsión de los dedos produce la boca, las orejas y la nariz del perro. Y finalmente, y esto es crucial, nos estamos riendo de nosotros mismos, porque estamos celebrando nuestra propia credulidad.

Esto quiere decir que el humor en el arte, en su manera más efectiva, opera en todos estos registros. Nos apunta a un absurdo con elementos comprensibles y sencillos. Es un chiste contado que nosotros mismos podríamos contar — es decir, los elementos que utiliza no son exclusivos del virtuoso. Pero lo más importante, nos revela que hay algo mucho más profundo detrás de esa risa: revela una reflexión del mundo, a veces existencial, a veces de índole social o político, que nos ayuda a ver al mundo de una forma crítica.

En este mundo en el que estamos en una batalla contra la “verdad”, donde los hechos se manipulan constantemente por gobiernos, donde la retórica del “fake news” es un arma de ataque del neofascismo, el humor me parece en particular el arma más poderosa, porque se vale de apuntar absurdos que todos podemos reconocer y que a la vez apuntan a verdades mucho más complejas. Esta es la misión estrictamente seria que tiene el humor.

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